Atlamajalcingo del Río recibe a sus difuntos con luz, fe y tradición

Como cada 27 de octubre, las velas encendidas iluminan el sendero que comunica el más allá con el presente. Una guía espiritual construida con luz tenue y aroma a copal, para que las almas regresen a sus hogares a disfrutar de aquello que en vida amaron.
Esta ceremonia ancestral, llena de significado y devoción, permanece viva en Atlamajalcingo del Río, una comunidad de poco más de mil habitantes del municipio de Tlapa de Comonfort, en la Montaña de Guerrero.
“El día de hoy venimos al encuentro de nuestros muertitos… esta tradición se mantiene desde tiempos inmemorables, antes de la llegada de los invasores”,
compartió Praxedis Martínez de la Cruz, habitante de la comunidad.
Los altares lucen calabaza en conserva, tamales, pan dulce, frutas, velas y flores. Todo aquello que los difuntos disfrutaban en vida, es colocado con cariño para recibirlos.
“Es una manera de consentirlos, de que disfruten lo que les gustaba”,
expresó Abad Bravo Ignacio.
De acuerdo con las costumbres locales, a partir del 27 de octubre los muertos regresan para convivir con sus familias y permanecen hasta el 2 de noviembre. Este día se celebra una misa y posteriormente las familias llevan a sus difuntos a casa, donde los esperan los altares y la convivencia espiritual.
“Para nosotros es una ceremonia muy grande porque ya están con nosotros nuestros difuntitos”,
concluyó Praxedis Martínez de la Cruz.
Una tradición que se transmite de generación en generación, manteniendo vivo el vínculo entre los que se fueron y quienes aún los recuerdan.
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